Mi primera vez en Parque Nacional Torres del Paine fue con un tour full day desde Punta Arenas. Con ese agotador tour, conoces los miradores principales que están a lo largo del camino hacia el parque, dentro del parque y a la salida. Fui en septiembre y tuve suerte, nos salió el sol y pude apreciar lindas vistas.

Pero desde ahí que quise volver con tiempo para hacerlo más o menos a mis anchas. Y abril fue la opción, aprovechando el feriado de Semana Santa, para recorrer Patagonia chilena y argentina e incluir un par de días en el parque.

El día domingo llegamos al parque con un clima muy cambiante: a ratos llovió, salió el sol, corrieron vientos fuertísimos, vimos arcoiris, de todo!

Al día siguiente teníamos planeado hacer el famoso sendero base Torres, desde donde la gente se saca esa foto famosa con la laguna y las torres de fondo. Dura 8 horas, según todos los materiales, 5 horas de ida y 3 de vuelta. A las 2 hrs de camino te encuentras el refugio Chileno para hacer un descanso, y los últimos 45 minutos son de subida empinada y rocosa.

Sabiendo eso, teníamos decidido hacerlo el día lunes. La noche de domingo a lunes oímos mucho viento y lluvia, había una lluvia suave al iniciar nuestro camino desde Pehoé al punto de entrada antes del Hotel Las Torres, y en el camino nuevamente vimos algunos claros sin nubes y hasta otro arcoiris. Así que decidimos hacerlo, confiados en que el clima podía cambiar a nuestro favor nuevamente.

Durante la primera hora, mantuvimos la esperanza, entre subidas rocosas y empinadas. Luego la lluvia suave fue más consistente, llegamos al refugio y decidimos parar muy brevemente y seguir, para protegernos en la parte boscosa a continuación. Algo resguardaba del viento y la lluvia, pero el barro empeoraba a cada minuto. Yo soy más de cerros que de montaña, y las subidas empinadas no son lo mío.

Cuando salimos del bosque y llegamos al último tramo asesino, supe al tiro que esos 45 minutos no serían tal. Hay un primer tramo aún cubierto por algo de bosque, luego un segundo tramo a descubierto por rocas pequeñas y con mucha pendiente, y al final un último tramo entre grandes rocas, algo menos empinado que el tramo anterior.

Lo disfruté? NO. Hasta el refugio Chileno pasé calor y hasta pensé quitarme una capa si paraba de llover. Luego la lluvia fue calando y calando hasta que me hice una con los mocos de frío, no sentir los dedos, el splash de mis zapatillas, la ropa crecientemente empapada y mis piernas cada vez con menos fuerzas… tampoco lo disfruté. Al terminar el segundo tramo empinado del final, me vino un ahogo peor que los de Olguita Marina (disclaimer: subí resfriadísima). No me llegaba el aire a los pulmones y solo oía un silbido, me desesperé y pensé que así no tendría el funeral vikingo que tengo pedido, así que me repuse cambiando el ritmo de respiración y pensando en cosas lindas (aunque a la mitad de las rocas grandes me volvió a dar).

Y a los que digan “es que la vista al final hace que todo valga la pena”… Esto fue lo que vimos:

Así que frustrados, adoloridos, cansados y mojados, decidimos volver raudamente. Gracias a toda la lluvia caída, el barro y crecidos cursos de agua lo hicieron todo más… emocionante. Pero a esas alturas nada importaba más que volver rápido al auto, al calor y la ropa seca. Pisamos los charcos a los que antes les hicimos el quite, cantando “Singing in the Rain”.

Lo bueno? Hasta el bosque, pudimos disfrutar hermosas vistas de color otoñal.

Entonces, como me dijo una experta (después de hacerlo, claro), si quieren hacer este sendero y está lloviendo al llegar al punto de bienvenida, mejor no lo intente. Acuérdese de mí.

Igual nos demoramos las 8 horas de las guías! Pero con suerte paramos media hora en total, dividido en 3 o 4 desiguales pausas.

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