A la caza de las auroras boreales

Siempre he sido fan de la astronomía. De hecho cuando pequeña quería ser astrónoma. He tomado cursos de astronomía general y la astrofotografía es una de mis obsesiones. Ver una aurora boreal en vivo y en directo se convirtió en otra obsesión desde hace unos años. Ya he hecho tres intentos, uno de ellos con éxito, y aquí comparto mis experiencias para quienes compartan esta linda obsesión y busquen el mismo objetivo.

Primero, ¿qué es una aurora boreal y dónde se pueden observar?

Las auroras boreales son una reacción en la atmósfera a la actividad solar. Las tormentas solares liberan ciertas partículas, que al alcanzar nuestra atmósfera hacen reaccionar a otras partículas y generan este fenómeno, que va desde los tonos verdes y azules a los rosados y morados. No solo existen en el hemisferio norte, también existen en el hemisferio sur y se llaman auroras australes, pero en las zonas que se dan en el hemisferio sur son menos pobladas y más difíciles de alcanzar.

Eso nos lleva a la segunda parte de la pregunta: ¿dónde se pueden observar? Por norma general, en las zonas que rodean los círculos polares, y desde ahí acercándose a los polos. También tienen temporadas: en el hemisferio norte, desde septiembre a marzo, y en el sur los meses inversos.

Por ahora, solo lo he intentado en el hemisferio norte, por el lado europeo. Pero no tengo intenciones de detenerme, así que espero ir completando este post más adelante.

Segundo: ¿se pueden predecir las auroras? ¿es fácil verlas?

La respuesta es: se pueden predecir en parte. Una vez que llegas a un lugar, hay dos pronósticos a los que estar atentos para lograr verlas: la actividad solar y el clima del lugar (hay apps para ambas cosas, yo he usado My Aurora Forecast complementadas con apps locales del tiempo). Si hay alta actividad solar, pero está nublado o lloviendo, no verás nada. Y si está despejado, pero no hay actividad solar, tampoco se producirá el fenómeno. Así que en realidad no es nada fácil verlas.

Intento 1: Rovaniemi (Finlandia)

Venía viajando de vuelta a Chile desde Corea, con un itinerario de 2 semanas por Europa, a fines de septiembre, por lo que ya era temporada de auroras. Calcé a la fuerza unos días en Finlandia para hacer mi primer intento. El objetivo era llegar a Rovaniemi, ciudad ubicada muy cerca del círculo polar y mi mejor candidata por tiempo y cercanía. En Helsinki tomé el Santa Claus Express, tren que recorre en 12 horas la distancia entre la capital y esta ciudad en la laponia finlandesa, opción que tomé por precio (70 euros comprando el ticket el mismo día en la estación) y por el romanticismo del viaje. En Rovaniemi alojé en el hostal Rudolf (van notando la temática, no?), que en baja temporada no cuenta con habitaciones compartidas, por lo que tomé la más barata que encontré, que eran 50 euros por noche en habituación invidivual con baño privado, sin desayuno. Tenía dos noches para intentarlo, ya que compré un ticket de avión para volver a Helsinki y tomar mi siguiente vuelo, ticket que comprado con día de anticipación me salió 125 euros.

Para mi primer intento, decidí que lo mejor sería la compañía de los expertos, así que recorrí la ciudad mirando y cotizando agencias. Me decidí por Lapland Welcome, donde el tour me costó más menos 80 euros, incluyendo transporte desde y hacia el hotel, ropa térmica, caminata y espera por la aurora con guía local en un “tippi” en una colina fuera de la ciudad, con una mini barbacoa, teniendo como hora límite las 2 am. Lo bueno es que si no veíamos auroras esa noche, tomar un segundo tour al día siguiente tendría un buen descuento. Las posibilidades estaban complejas, ya que estaba nublado, aunque los pronósticos decían que podía despejar cerca de medianoche. El tour fue en inglés, éramos 4 personas en total, y la experiencia fue buenísima… excepto por las nubes que no se quisieron ir. Pero nuestra guía se la jugó por un camino de vuelta alternativo y algo vimos a través de las nubes.

Trazos de aurora a través de las nubes captados con larga exposición

La segunda noche, el pronóstico no mejoró, así que decidí no tomar otro tour y conocer la vida nocturna de Rovaniemi. Sería hasta la siguiente oportunidad.

Intento 2: Islandia.

Desde que vi Walter Mitty que Islandia estaba muy muy arriba en mi lista de sueños viajeros. Así que en 2017, organicé un nuevo viaje a Europa en septiembre, incluyendo Islandia en el itinerario. Llegaría durante la noche de un sábado y estaría hasta la tarde del sábado siguiente, asegurándome varias noches para cazar auroras. La primera noche, como llegaba prácticamente de madrugada, decidí alojarme en la misma Keflavik (el aeropuerto internacional de Islandia está en Keflavik, a unos 50 kms de Reikjavik, la capital). Me quedé en un hostal con pieza compartida, baño dentro de la habitación y desayuno incluido (Start Hostel), por 55 euros. De los hostels en que he estado, diría que es uno de los mejores, súper cómodo y bien equipado. La pieza era para 6 personas, pero eran 3 camas a un lado, un pasillo con el baño, y otras 3 camas. Y esa noche había dos chicas en un lado, y yo me quedé sola al otro lado. Tuve que tomar un transfer desde el aeropuerto hasta el hostel también, donde me dieron las indicaciones para reservarlo y pagarlo por internet.

Esta vez decidí buscar las auroras por mi cuenta en un roadtrip por el país, para lo cual arrendé una camioneta con carpa en el techo en Camping cars (estoy malacostumbrada a conducir automáticos, y los autos tipo campervan económicos eran todos con cambios manuales, esta fue mi mejor opción en automático). Al arriendo se le podía sumar equipamiento para camping, gps, módem wi-fi, convertidor de corriente para cargar aparatos con la batería del auto, todo muy completo. Esto me salió carito, pero como incluía la carpa, consideré que era arrendar auto y pagar alojamiento a la vez. Islandia tiene muchas zonas de camping (no está permitido pernoctar en la carretera ni en estacionamientos), algunos de pago y algunos gratis, y varios de ellos están junto a las piscinas públicas, con aguas termales, a las que se accede con precios bajos o incluso gratis a veces.

Haciendo corta la larga historia, fui a Islandia justo una semana de tormentas en todo el país. El día 1 fui de Keflavik a Reikjavik recorriendo la península de Reikjanes, y esa noche alojé en un camping en Reikjavik. El día 2 partí el Golden Circle, que se supone se hace en un día pero yo terminé durmiendo esa noche cerca de Geysir en el camping de un bar, con una tormenta que me tuvo googleando hasta las 3 am si las camionetas con carpas en el techo podían volcarse con el viento. El día 3 terminé el Golden Circle y decidí comenzar el Ring Road (camino que rodea a la isla). Viendo los pronósticos del tiempo, decidí partir por el norte, que es la zona menos turística o visitada del país. Llegué a dormir a Akureyri, donde me quedé en un camping en las afueras de la ciudad. Seguía lloviendo. Recorrí la ciudad, que recomiendo absolutamente, y decidí seguir el camino hasta Egilsstadir en el este, donde encontré que la ciudad tenía un look muy industrial y decidí seguir a Seydisfjordur, muy recomendada en las guías turísticas y a pocos kilómetros de ahí.

La lluvia suave de la ciudad se convirtió en torrencial en el camino, siendo una de las pocas veces en que he llorado al volante preguntándome “quién me mandó”. Luego leí que ese camino tiene fama de ser uno de los más peligrosos de Islandia, con pronunciadas curvas y barrancos. Al despertar recorrí el pueblo y seguí mi camino bordeando los fiordos hasta Hofn, en el sureste del país. Ahí paré a comer y pretendía llegar a dormir cerca de Jokulsarlon, pero en el restaurant leyendo noticias me enteré de que gracias a las tormentas de la semana, un puente se había caído en esa zona y el Ring Road estaba cortado al menos hasta el lunes, por lo que me era imposible seguir mi itinerario y tenía que devolverme por donde había venido para llegar a tiempo a mi vuelo de vuelta a Europa (la hermosa geografía de Islandia no permite muchos caminos alternativos). Justo esa noche, cuando veía mis planes arruinados, vi la primera aurora, desde el camping donde alojé esa noche. Me senté en una banquita en la cima de una colina, con una botella de Baileys especial que me había llevado del duty free, a celebrar la ocasión. Fue tanta la emoción, la impresión, que lloré de alegría, y todas mis primeras fotos salieron borrosas. La aurora duró alrededor de 10 o 15 minutos, hasta que se fue apagando y las nubes volvieron a cubrir el cielo.

La impresión de la primera aurora

Al día siguiente emprendí mi maratón de manejo: el camino de Hofn a Reikjavik por el sur son unas 6 hrs, pero por el norte, como tuve que hacerlo yo, son más de 10. Sumen a eso que había estado toda la semana el mal clima, había porciones de camino en bastante mal estado, la velocidad máxima es de 90 kms, la zona de los fiordos tiene muchas curvas y yo quería parar a cada rato a tomar fotos a los paisajes alucinantes. Al final, con una parada a almorzar y trabajar en la anteriormente despreciada Egilsstadir, otra a media tarde por un café en Akureyri, la noche me pilló en la porción noroeste del Ring Road. Y parece que las auroras quisieron recompensar mi esfuerzo, porque empezaron a aparecer por el camino.

Primero tímidamente
Y luego desatadas

Cuando vi este espectáculo ante mis ojos, nuevamente la emoción me embargó. Me estacioné en la orilla del camino en el primer lugar que vi seguro, tomé la cámara, el trípode, los seteos ya adquiridos de la noche anterior, puse todo en el techo de la camioneta y a disparar. Y avisándole a todo el mundo por whatsapp que me había encontrado tamaño espectáculo en la carretera, llorando otra vez! Creo que la foto no ilustra el baile de luces que cubre el cielo, como ondulan, oscilan, aparecen, desaparecen, es increíble. Con esto me di por pagada.

Llegué a Reykjavik cerca de las 12 de la noche y el camping que tenía visto para pernoctar, no estaba abierto, así que agarré vuelo y seguí hasta Keflavik directo, y dormí en un camping gratuito junto a una piscina. A la mañana siguiente alcancé a ir a mirar la Blue Lagoon (si van, recuerden comprar su ticket con al menos dos días de anticipación), y vuelta al aeropuerto para devolver la camioneta y terminar esa aventura.

Intento 3: Tromso (Noruega)

Esta vez cambié la fecha de septiembre a enero, que también sería temporada de auroras. Partí el 2019 en Europa y la tercera semana de enero la programé en Noruega. Luego de un breve paso por Oslo, dejé 4 noches para Tromso, al norte del país. Luego de mirar en Booking, me di cuenta de que había mejores opciones y precios de alojamientos en AirBNB y me quedé en un departamento independiente maravilloso, bajo una casa de familia (pero de que es caro, lo es). Siendo enero plena temporada de nieve, no quise arrendar auto porque no tengo experiencia conduciendo con cadenas, y vi que había buenos lugares alejados a los que llegar caminando, y si se daba la ocasión, podía contratar nuevamente una excursión.

Algo que yo no sabía, es que en invierno en Tromso hay “noche polar”, una época en que técnicamente no sale el sol, por lo que el día varía de azul claro a azul oscuro, y yo fui en esa época (lo que no implica que se puedan ver auroras todo el día, el sol está igual, solo que por temas de latitud y refracción, no alumbra como esperamos). Nuevamente, el pronóstico no estaba de mi parte, ya que se esperaba que estuviera nublado durante todos los días de mi estadía. Y efectivamente, en esta pasada no hubo suerte con las auroras.

4 de la tarde en Tromso
Tromso desde las alturas

Ese es el pie para mi tip final: cuando vayas a buscar auroras, elige un lugar que no tenga solo las auroras como atractivo. En Rovaniemi, fui a la Santa Claus Ville, a la que se puede llegar tomando un bus desde la ciudad, pararse sobre el círculo polar ártico, ver renos, las cartas a Santa Claus y más, además del Museo Ártico y otras atracciones. Islandia ni qué decir, aún bajo la lluvia, está lleno de atracciones naturales interesantísimas, y ciudades con mucho encanto y comida rica. Y en Tromso, llamada “la París del Ártico”, fui en la semana del Festival de Cine de la ciudad, aproveché de ver la exhibición de un documental con música en vivo en la Catedral del Ártico, recorrer la ciudad, subir en el Fjelheissen a disfrutar de las vistas, visitar un bar de hielo, y nuevamente comer rico.

Espero que estas experiencias les sean de utilidad, y quien tenga otros datos que compartir, déjelos en los comentarios! Todos son bienvenidos.

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